Cuadernos de

Medicina Forense

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PRUEBA PERICIAL

 


José Enrique Vázquez López

Abogado. Sevilla


 

El Conocimiento es Poder en sí mismo.
Francis Bacon

Cuando te asomas al interior del abismo,
también el abismo se asoma a tu interior.
Nietzsche
 



UN ACERCAMIENTO A LA EXIMENTE DE ENAJENACIÓN MENTAL



Neuronas, dendritas, axones, células gliales, sinapsis... términos casi mágicos que forman parte de un idioma destinado a explicar el funcionamiento de nuestro órgano más peculiar: el cerebro. Tenemos que convenir que la ciencia actual ha avanzado en todas las ramas de la Medicina, realizándose en la actualidad complicados trasplantes incluso de varios órganos a la vez. Así, me consta que al menos se pueden trasplantar los pulmones, el hígado, el corazón, los riñones, la piel, la médula ..., habiéndose avanzado también en microcirugía, lo cual permite reimplantar miembros que horas antes habían sido amputados, normalmente por causa de accidente de trabajo. No obstante, y las razones las desconozco aunque puedo imaginármelas, aún tenemos mucho camino por recorrer antes de que pueda verificarse el primer trasplante de cerebro. El tema no es nuevo, y ya desde el mito de Frankenstein, con su idea de vencer a la muerte volviendo a la vida a un cuerpo que antes estaba inerte, el científico ha soñado con encajar los órganos en el cuerpo a modo de un rompecabezas, sustituyendo los tejidos y órganos dañados, por otros en buen estado, para que el individuo pueda continuar disfrutando de lo que la vida nos ofrece.


El cerebro, sede de sentimientos, emociones, recuerdos, sede de nuestra ética propia, y de la visión de cada uno sobre el bien y el mal. Es el centro de mando de todo el sistema, capitán del comportamiento humano, y cuando algo falla en él, suelen derivarse graves consecuencias.


¿Podemos pensar en un futuro en el que los Códigos Penales sancionen una determinada conducta con la ingestión de la sustancia apropiada para que dicho comportamiento no se produzca?. Aunque esto parezca ciencia-ficción, lo cierto es que ya existen experiencias al respecto en el país que actualmente marca la pauta en el mundo, Estados Unidos, cuando se ofrece (o se ofrecía, ya que no sabemos si la opción sigue en vigor en algunos estados) a los condenados por violación la posibilidad de la castración química para evitar que sus crímenes se vuelvan a repetir. No obstante, hay que decir al respecto que en algunos casos, la castración no soluciona el problema, volviendo a delinquir estas personas al poco tiempo del "tratamiento", si es que puede denominarse así la práctica que anula drásticamente la función normal de un órgano corporal. Los partidarios de dicha medida, alegan como justificación el hecho de que el propio enfermo haya dado su consentimiento, aunque pueda pensarse y con razón, que dicha voluntad esté viciada por el propio padecimiento que afecta al penado.


Y es que el fracaso de esos casos de castración química nos lleva ineludiblemente al mismo punto de partida, cual es que no son las gónadas las que determinan de forma tajante ese comportamiento antisocial y perturbado, sino el cerebro en sí, que tiene mucho que ver con la respuesta sexual del individuo. Y la verdad, extirpar el cerebro (o algunas de sus zonas) debe resultar repugnante hasta para los partidarios de la medida comentada.

LA CULPABILIDAD
Nuestro ordenamiento jurídico establece en el Código Penal una serie de circunstancias que funcionan como atenuantes, agravantes y eximentes de cada conducta punible en el mismo recogida. Así, el Legislador modera la responsabilidad, y por ende, la culpabilidad, existiendo casos en los que, pese a declararse la existencia del hecho delictivo, se debe absolver al sujeto por haber obrado con una perturbación que, por su naturaleza, le impide conocer en último término no solo el alcance de sus acciones, sino en definitiva, el delgado límite existente entre el bien y el mal. Y pienso que nunca está de más, aclarar al respecto ciertas cuestiones que pueden resultar en definitiva, sumamente ilustrativas. Por ello, traemos a esta sección dos Sentencias que, engarzando con el tema del inicio del presente artículo, tiene como protagonistas personas cuyo cerebro estaba afectado en mayor o menor medida por un padecimiento que en cierta forma, limitaba su capacidad. Pero pasemos ya sin más preámbulos al comentario de la primera resolución.


La Sentencia es del Tribunal Supremo, su Ponente fue Bacigalupo Zapater, y es de fecha 12/05/99.

LA EPILEPSIA COMO EXIMENTE
La Audiencia Provincial de Almería condenó al recurrente como autor de un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte y otro de tenencia ilícita de armas. Ante dicha resolución, recurre el acusado alegando, entre otros motivos, que no se ha apreciado la existencia de la eximente incompleta de los artículos 20.1 y 21 del actual Código Penal, visto que se halla afecto de "epilepsia genuina de tipo hereditario, con crisis periódicas y frecuentes."


El Tribunal desestima el motivo alegando que "lo que excluye la capacidad de culpabilidad en el supuesto de la epilepsia es que quien la padece haya actuado en estado de crisis epiléptica. El simple padecimiento de la enfermedad no excluye, ni disminuye, por sí mismo, la capacidad de culpabilidad...". La Defensa argumentaba que el procesado sufría "...en forma permanente, un deterioro cerebral tan grande, que es imposible que, durante esos intervalos entre ataque y ataque, su capacidad de raciocinio y volición queden intactos." Sin embargo, el Tribunal arguye frente a eso que el informe médico pericial presentado nada decía de ese deterioro cerebral.


Otra argumentación esgrimida por la Defensa era que al mismo procesado, se le había aplicado, en otra causa, finalizada por Sentencia de fecha 20/03/93, una atenuante por su estado mental, rechazándola el Tribunal exponiendo que "la incidencia de las crisis epilépticas por lo que se ha dicho puede ser diversa en cada hecho punible".

LA ESQUIZOFRENIA COMO EXIMENTE
Por último, y para completar la exposición iniciada al principio del presente artículo, y al hilo de la doctrina sostenida por la Sentencia anteriormente comentada, traemos a colación una Sentencia de la Audiencia Provincial de Córdoba (Secc. 2ª), de fecha 2/04/1.990, que expone con claridad los requisitos para que la esquizofrenia pueda ser considerada como eximente de la conducta.


Los hechos que se declaran probados son constitutivos de un delito de parricidio con la agravante de alevosía, aunque sin que se aprecie la de premeditación. La alevosía se aprecia al haberse producido el hecho mientras la víctima dormía, sin que la autopsia haya detectado señales o heridas de defensa o lucha. En resumen, la esposa mató al marido mientras esta dormía.


No aprecia el Tribunal la existencia de la eximente completa o incompleta de enajenación mental, tal y como alegó la defensa, basándose en el informe de tres peritos que calificaron a la procesada como una "persona muy primitiva y con una inteligencia al límite de la normalidad, sin alteraciones psíquicas". Ello contrastaba con el informe del perito de la defensa, que entendía que el hecho se produjo bajo un brote psicótico de tipo esquizofreniforme.


Entiende la Sala que los criterios para ese diagnóstico son los mismos que para la esquizofrenia, excepto en la duración que aquí es de más de dos semanas a menos de seis meses, y tales criterios son: "ideas delirantes extrañas de control, difusión, imposición o robo del pensamiento, o de grandeza, religiosas de persecución o celotípicas con alucinaciones auditivas, eco del pensamiento, incoherencia, etc., elementos que no se han detectado de lo actuado en el sumario y de las entrevistas médicas". Por tanto, desestima la aplicación de la eximente.

CONCLUSIÓN
Para la apreciación de la circunstancia eximente de enajenación mental, es preciso probar que la perturbación estuvo presente justo en el momento de cometerse los hechos, sin que baste la declaración anterior de la existencia de la enfermedad, habida cuenta de la posibilidad de concurrencia de los llamados "intervalos lúcidos", a no ser que el procesado se encuentre aquejado de un grado de deterioro mental que de forma permanente limite su capacidad de hacer y entender. Como ya vemos, nada nuevo bajo el sol, sin que sea cierto, como resulta creencia popular desgraciadamente extendida, que la declaración de un padecimiento mental sea patente de corso para no ser condenado por hechos punibles, debiendo examinarse, en todo caso, el grado de discernimiento del procesado a la hora de cometerse los hechos. Y es que en esta materia, no tenemos más remedio que hilar muy fino. Porque la Justicia depende de ello.

 

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